Aurín Rodríguez

Tu tienes una vida de oportunidades y propósito!

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HAY OTRA MUJER EN LA VIDA DE MI PAREJA

Hace unos meses estuve pensando en Ana, la madre del profeta Samuel, y quise volver a leer su historia relatada en 1 Samuel Capitulo 1. Buscaba reforzar mi fe en un momento en que me estaba resultando muy difícil entregarle a Dios algo específico en mi vida, y me pareció ideal ver la confianza que Ana tuvo en Dios cuando le entregó a su hijo que tantas lágrimas le había costado. A mi hijo lo lloré como Ana lloró a Samuel. Después de varios malos ratos que me hicieron pasar mis órganos reproductores, pensé que no tendría hijos jamás. Pero una noche, al igual que pasó con Ana, Dios oyó mi llanto, matizado por un "berrinche" que gritaba a Dios, diciendo: "Quiero tener un hijo, me estoy poniendo vieja, por favor Dios mío dame un hijo". Para mi sorpresa, a los pocos días y cuando menos lo esperaba, supe que estaba embarazada.

 

Cuando leí nuevamente la historia de Ana en 1 Samuel Capítulo 1, esta vez me percaté de que había otra mujer en la vida de su pareja, pero a diferencia de muchas mujeres que viven esta lamentable situación y terminan desgastadas, Ana terminó cantando un himno de victoria sobre su circunstancia. Esto me motivó a estudiar su vida e indagar específicamente cómo Ana obtuvo la victoria, y así poder llevar esta enseñanza a muchas mujeres de esta nación. A continuación les comparto lo que aprendí, esperando que sea de mucha edificación y bendición para sus vidas.

La vida de Ana no era fácil. En esa época su esterilidad era considerada una maldición. No importaba lo buena que fuera una mujer, o si su marido la amaba o si era bella, porque si era estéril, con eso bastaba para que todos la vieran y la señalaran como una desdichada marcada por la desgracia. Se sumaba a su desgracia que cada vez que ella y su esposo debían ir al templo para adorar a Dios, la otra esposa de su marido, "la señora Penina", se burlaba de ella, logrando así irritarla, enojarla y entristecerla hasta la amargura. Penina se la pasaba restregándole en la cara ''su dicha de ser una madre feliz''. Para mí no es coincidencia que Penina aparecía cuando Ana tenía que ir a adorar a Dios (1). Ten por seguro que siempre que te dispongas a buscar de Dios, aparecerá la circunstancia que te agobia con el objetivo de que desmayes en tu fe. Tal era la irritación que esto provocaba en Ana, que hasta perdía el apetito. Llegó un momento en que se llenó la copa de su tolerancia y sus fuerzas no le permitieron seguir. Esto la llevó al altar, pero de una forma diferente porque esta vez fue a derramar su alma por completo a Dios.

La Biblia dice que las raíces de amargura nos alejan del Dios vivo (2), llenándonos de incredulidad y enojo, condiciones en las cuales es difícil entrar en adoración. Peor aún, la justicia de Dios no obra en medio de estos sentimientos. Lo complicado es que cuando estamos cargadas con estos sentimientos, la única forma de despojarnos de la amargura y librarnos de una vida de reclamos es rendirnos a Dios. Sólo entrando en su presencia entendemos que hay un mejor porvenir para nosotras. El salmista reconoció que en medio de su enojo sólo lograba afligir más su corazón, cuando dijo: - "Se me afligía el corazón y se me amargaba el ánimo...¡Me porté contigo como una bestia!" (Salmo 73:21-22). Pudo ver las cosas con claridad sólo cuando buscó de Dios y dejó a un lado sus emociones.

Ana entró al altar y lloró abundantemente delante de Dios, diciéndole en su clamor: "Mira mi aflicción, acuérdate de mí. ''Mírame'', "estoy sufriendo trae alegría a mi vida", "Mira lo triste que estoy, date cuenta de lo mucho que sufro, no te olvides de mi, dale a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Dios todos los días de su vida, como prueba de que te pertenece" (3).

En un momento de adoración, Ana le entregó dos cosas a Dios: su anhelo y su carga.

Mientras conversaba con Dios, sus labios no se movían, lo cual denota que hablaba desde su corazón. Era tal su sumisión a Dios, que venía desde dentro. Tan centrada estaba en su oración que a los ojos del sacerdote del templo parecía una mujer borracha (4); sin embargo, al poco tiempo el sacerdote pudo percatarse de lo atribulada que estaba su alma y, movido a compasión, oró por ella y le dijo que anhelaba que Dios cumpliese los deseos de su corazón. Con esto quedó sellado aquel momento. Ana salió de allí cambiada y se fue confiada. La Biblia dice que comió y no estaba ya triste (5).

La Biblia dice que cercano está Dios al quebrantado de corazón (6). No hagas silencio ante Dios; eso sólo va a llenar tu corazón de ansiedad y amargura. Acércate al que puede sanarte y aliviar tu carga.

UN COMIENZO DIFERENTE:

Cuando Ana salió del templo, siguió su vida y le dio significado a lo que había hecho. No lo tiró por la ventana, sino que salió actuando conforme a la fe que Dios depositó en su corazón. Estoy segura de que esto no fue fácil para ella. Me imagino que Penina andaba cerca, tal vez burlándose de sus ojos hinchados y de las largas horas que pasó en el templo. Pero esto NO detuvo a Ana. Ella fue con su marido y continuó su vida, (7) y llegado el tiempo de Dios quedó embarazada de un hijo al cual llamó Samuel, que significa: Porque lo pedí a Dios y el Señor oyó.

SU EJEMPLO NOS EDIFICA PARA TOMAR EL CAMINO CORRECTO:

Hoy día la mujer ha perdido tanto su valor que mide el mismo en términos de si está o no acompañada, de la fidelidad de su esposo, o si tiene o no un hijo, etcétera. Todo esto lleva a la mujer a soportar "lo insoportable". Muchas caen en el pecado de consentir el adulterio; otras, en un estado tal que llegan a detestar sus cuerpos, sus vidas, tan solo porque existe "otra mujer" en su camino.

Ana dejó de comer, así como muchas hoy caen en la anorexia para que sus cuerpos se asemejen al de una quinceañera, o porque no se sienten iguales a las de las revistas y las "divas" de estos tiempos. Su amargura y sus comparaciones las llevan a deteriorarse interna y físicamente. Ana se amargó y dejó su lugar. La Biblia dice que su esposo la amaba tanto que hasta rompió las reglas que le instruían dar mejor ración a la que tenía hijos, pero aun así ella no era feliz. Ella entendía que su satisfacción vendría de tener un hijo.

SU VIDA CAMBIÓ DRÁSTICAMENTE DEL LLANTO Y FUE MOVIDA AL CANTO:

Al salir de la presencia de Dios, ya su satisfacción no dependía de tener o no un hijo; su enfoque cambió y su vida también. Ana concluye su momento de crisis con su canto, declarando que era muy feliz. Supo diferenciar, entendió lo que declaran las Escrituras cuando dicen que no debemos cansarnos de hacer el bien porque a su debido tiempo cosecharemos.

Leamos en 1 Samuel 2 el Cántico de Ana. Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, (Dios me ha hecho muy feliz) Mi poder se exalta en Jehová; (Dios me ha dado muchas fuerzas). Puedo taparles la boca a mis enemigos, y estoy feliz porque Dios me ha salvado. Nuestro Dios es único nadie se le compara, Y no hay refugio como el Dios nuestro. No multipliquen sus palabras de grandeza y altanería; (Cállense, no sean tan orgullosos y arrogantes). Porque el Dios nos conoce a todos y sabe cuando hacemos lo bueno y cuando hacemos lo malo. Hasta la estéril ha dado a luz siete, Y la que tenía muchos hijos languidece. El guarda los pies de sus santos, (Dios protege a quienes lo obedecen) pero los rebeldes mueren angustiados , Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.

NO HUBO REVANCHA:

Llegado el tiempo de subir a adorar, ella no fue a alardear delante de Penina lo que había sucedido. A pesar de que otras en su lugar hubieran aprovechado la oportunidad para restregarle su victoria, Ana no lo hizo; antes bien, se concentró en su bendición y en lo que había prometido a Dios. Esta mujer esperó en Dios. La Biblia dice: Estad quietos y reconoced que yo soy Dios (Salmo 46:10).

Anímate y anima también a otras a esperar en Dios y a derramar sus corazones a Dios en medio de esta situación tan devastadora. Sólo de esta forma podremos quitar nuestro enfoque de las circunstancias y ponerlo en aquél que todo lo puede.

Espero que este mensaje sea de mucha edificación a tu vida,
Aurin Rodríguez
Marzo 2011.

(1) Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Dios no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Dios, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. (1 Samuel 1:,6-7).
(2) Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, los estorbe. (Hebreos 12:15)
(3) 1 Samuel 9-11 de la VLA
(4) 12 Mientras ella oraba largamente delante de Dios, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. 15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Dios. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora, solo estoy pidiéndole a Dios que me responda. (1 Samuel 12-16)
(5) 17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
(6) Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Salmo 51:7). Y en otro verso dice "El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas". (Salmo 147:3).
(7) Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Dios se acordó de ella. 20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Dios. (1 Samuel 1:19-20).

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Comentarios   

0 #1 Antonio 11-03-2017 07:29
 Un juego como semejante otro. no obstante extremadamente valisos graficos

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