Aurín Rodríguez

Tu tienes una vida de oportunidades y propósito!

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EL EVANGELIO DE PROSPERIDAD, UN TSUNAMI DE DESTRUCCION

¡Que miserable es el evangelio de prosperidad!

Un tsunami que ha socavado nuestros principios cristianos, dañado nuestra relación con Dios y nos ha hecho andar como perros sabuesos detrás del dinero o "bienestar" con conductas impropias y hasta justificadas con versos bíblicos.

 

Socavó nuestros sanos principios. Ya no importa de dónde procede el dinero que recibimos. Total, es dinero, que llegue, "viene de Dios", porque "la bendición de Jehová es la que enriquece".

Dónde quedó la clase que nos dieron nuestros padres, hasta con medios represivos, cuando nos decían: ¿De dónde lo sacaste? ¿Quién te dio eso? ¿Por qué lo cogiste? Vaya devuélvalo, póngalo donde lo encontró. No sólo eso: ¿Dónde están las clases de escuelita bíblica, cuando nos cantaban: cuidado mis manitas donde están, que en el cielo está el Señor y nos mira con amor, cuidado mis manitas donde están? Tal vez esta no te la cantaron, pero estoy segura de que alguna vez un adulto te enseñó valores como el trabajo diligente, la honestidad, la integridad y, si eres creyente, la confianza en Dios como fuentes de grandes ingresos.

Dañó nuestra relación con Dios. Si lo comparo con algún daño de salud, tendría que decir daño cerebral. ¡Qué pena! Ya no queremos estar con Él. Ahora no es importante oír su palabra. Sólo es importante orar para ver qué consigo. Nuestras oraciones están plagadas de: Rápido, Señor; espero por ti, tu provisión, rápido, dinero, rápido. No sé qué quieres que yo haga ni me interesa, pero date ráaaaaaaaapído, no tengo un propósito sino solo "prosperar".

Nos hizo perros sabuesos detrás de la presa "prosperidad". Por supuesto, no importa si viene a través de una relación ilícita, una lotería; de hecho, yo misma he orado por concursos (decir esto me avergüenza más que nada), pero es que algo o alguien tiene que abrir nuestros ojos para arrepentimiento; tampoco importa si es mal habido, el fin es el dinero.

Nosotros no aprendimos así a Cristo.

Uno de los daños más grandes es que nos apartó del propósito divino para nuestra vida individual, que tiene que ver con la razón para la que fuimos puestos aquí en esta tierra, y sin él nunca vamos a ser prósperos. Es que sólo importas tú, dinero.

Si has sido dañado con este flagelo, haz esta oración:

"Señor, me arrepiento con todo mi corazón de haber puesto mis ojos en cosas materiales y no en ti. Pido tu perdón. Hoy decido cambiar de rumbo, ayúdame. Necesito tu ayuda para que mis ojos miren lo recto, miren tu palabra."

Ya que has tomado esta decisión no te quedes inactivo en esto. Ahora necesitas lectura sana, lectura bíblica, alejarte de todo aquello que te mantiene o arrastra hacia esa contaminación, empezar a tener una relación de comunicación con Dios, volver a los principios.

El apóstol Pablo lo dice así: Les ruego que anden conforme a la vocación con la que fueron llamados, hasta que todos lleguemos a la unidad en la fe, al conocimiento del hijo de Dios, para que no seamos niños fluctuantes llevados por todo viento de doctrina........ Efesios 4.

Aura E. Rodríguez

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