Aurín Rodríguez

Tu tienes una vida de oportunidades y propósito!

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El Señor lo había hecho todo nuevo

Hola a todos.

Yo estoy aquí para compartir con ustedes el por qué yo soy cristiana. Mi historia no es demasiado dramática; yo no era una alcohólica antes, ni una drogadicta; no, yo era una simple ama de casa, esposa y madre de dos hijos, quizás con una vida muy parecida a la de muchos de ustedes.

Mi historia comienza hace unos años. Yo estaba casada con un buen hombre, tenía una parejita de niños lindos y saludables, vivía en un departamento de 7 habitaciones en Zurichberg, tenía dinero en abundancia, amigas, y podia darme el lujo de no trabajar y estar en casa. Tenía todo para ser feliz, ¿verdad?

 

Pero la realidad era otra. Yo vivía en una montaña rusa de emociones: a menudo estaba tan triste, a menudo tan enojada, a menudo tan insegura, a menudo tan temerosa. La felicidad no me duraba nunca más de dos o tres días de corrido.

A veces duraba días enteros sintiéndome triste y no sabía ni siquiera por qué. Quizás se debía a heridas que yo acarreaba desde mi niñez. O quizás era que me hacía falta mi familia; o quizás era porque mi marido regresaba tarde y cansado del trabajo y cada vez nos encontrábamos más lejos el uno del otro, física y emocionalmente.

Muchas veces era enojada que estaba. Perdía los estribos fácilmente. Con mis niños, que son tranquilos y en ese entonces tenían 3 y 1 año de edad, no tenía nada de paciencia. Lo más minimo de ellos me ponía de mal humor, les gritaba, les pegaba. Un poco de agua que ellos dejaran caer, algo que se me olvidara comprar en Migros, un conductor descortés en la calle, todo eso ocasionaba mucha rabia dentro de mí.

Y tantas veces tenía tantas dudas. Habré tomado la decisión correcta? Podré hacer esto o aquello? Por qué no habré comprado esto en vez de aquello? Qué estará pensando fulana de mí? Sentía tantas inseguridades, tantos temores, tantas ansiedades........ En otras palabras, no tenía paz dentro de mí.

Y déjenme decirles que no era que yo estaba al punto del suicidio o algo así. No, mi matrimonio no era tan malo, era solo average; mi relación con mis hijos no era la peor, era solo mala; y mis inseguridades no eran las más grandes, eran solo limitantes. Viviendo de esa manera pude haberme quedado muchos años más, pensando que así era lo mejor que podía vivir, conformándome con algo menos que excelente.

Hasta que entonces algo ocurrió....... un día le abrí mi corazón a Jesús, lo invité a transformar mi vida. Y entonces comencé a conocer cómo era El, qué inmenso amor tenía El para mí, qué opinión tenía El de mí, y cuáles eran sus planes para mí. Y entonces aprendí que Dios no quiere algo simplemente bueno para nosotros, ni algo mas o menos, sino que El quiere darnos las peticiones de nuestros corazones, El quiere darnos nuestros anhelos mas profundos, El quiere darnos nuestros sueños más bellos.

Y según yo lo buscaba más y más, el Señor comenzó a transformarme poco a poco. No puedo decirles cómo esa transformación ocurrió porque no fuí yo quien la hizo, fue Dios. Solo puedo decirles que a través de la Biblia aprendí que ya no tenía que sentirme incapaz, sino que por el contrario "todo lo puedo en Cristo que me fortalece"; aprendí que no tenía que tener temor de nada porque "el Señor es escudo alrededor de mí; no temeré mal alguno"; aprendí que no tenía que sentirme insegura porque "el Señor es mi roca firma y El nunca dejará que yo quede avergonzada"; aprendí que mi valor no dependía del mucho dinero que tuviese, ni de lo que los demás pensaran de mí, sino que mi valor depende de lo mucho que El me ama. Y déjenme decirles que el amor de Dios "excede todo conocimiento". Saben lo que significa eso? Que el amor de Dios es más grande que TODO lo que conocemos.

Y esa transformación dentro de mí empezó a reflejarse en todas las áreas de mi vida. Un día me dí cuenta que cuando los niños derramaban la leche, ya no me daba rabia; en vez de eso no había ninguna reacción en mí; ninguna. Yo estaba sorprendida, mis hijos también. Y así el Señor me fue dando más paciencia, más sabiduría para educarlos, compasión y firmeza para disciplinarlos. Ahora puedo disfrutar a mis hijos. Y quizás más importante aún: hoy sé que si me mantengo orando por ellos, aún las fallas que yo voy a cometer en el futuro, el Señor las va a transformar en algo bueno.

Otro día, me dí cuenta que si alguien me miraba mal en la calle, o era descortés, en vez de enojo, eso producía compasión en mí; pensaba: esa persona no tiene a Dios en su corazón, pobre de ella.

Y otros días me dí cuenta de cómo yo estaba haciendo cosas que mi marido tenía años pidiéndome que hiciera, al mismo tiempo que ya no permitía que él me tratara con falta de respeto. Y así el Señor fue transformando nuestro matrimonio hasta que un día el Señor hizo un milagro en nuestras vidas: de repente, de un día para el otro, comenzamos a vernos como cuando éramos novios. Las heridas que nos habíamos hecho en estos últimos 9 años de matrimonio, se habían borrado........el Señor lo había hecho todo nuevo.
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Hoy en día yo sigo siendo ama de casa, sigo casada con mi marido, todavía tengo dos hijos, y sigo viviendo en el mismo departmento; pero ahora mi CORAZON ha cambiado.

Hoy en día el Señor ha sustituído todos esos sentimientos de duda, de inseguridad, de insatisfacción, de rabia, de enojo, de tristeza, de decepción. Hoy.....El los ha sustituido por amor, certeza, fé, esperanza, dominio propio, seguridad, gozo y paz...... Ahora tengo esa paz interior que tanto anhelaba.

Queridos amigos aquí presentes , si ustedes estan diciendo: si yo tuviera un mejor trabajo, entonces sería má feliz. O si yo tuviera un mejor cónyugue, entonces sería más felíz; o si los niños se portaran mejor, o si tuviera más dinero.

Si están pensando así: Dios les dice esta noche: NADA en este mundo les puede dar esa felicidad que anhelan......... Yo lo sé. Ya yo lo tuve todo y ahí no estaba la felicidad. Sí, nos parece haberla conseguido cuando algo bien bueno nos ocurre, pero eso sólo dura hasta que llega el próximo pensamiento a nuestras mentes que nos dice: "Si tu sigues así vas a criar a hijos inseguros de sí mismos"; o que nos dice: "Y qué pasa si tu marido pierde el trabajo?".

El único que les puede dar esa felicidad, esa paz duradera es Dios. Y cuando El nos la da, aunque estemos atravesando la tormenta más impetuosa, el problema más grande, aunque todo alrededor nuestro bascule, no la perderemos.

Queridos amigos aquí presentes, No se conformen con la mediocridad, con lo average, con lo insuficiente. Atrévanse esta noche a invitar a Jesús a entrar en sus corazones y manténganse fieles a El...... El resto El lo hará...... Permitan que Dios les dé esa valiosa paz interior; permitan que El haga "grandes maravillas en sus vidas".

Que Dios los bendiga. Barbara Tejada de Roux-Levrat

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27 de Noviembre de 2004

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